miércoles, 20 de febrero de 2013

El Estimado...


Imagina por un momento que la personita que tienes siempre a tu vera, esa con la que has decidido pasar el resto de tus primaveras, te anuncia un buen día que aquello ha germinado y que algo, alguien, está creciendo dentro de sí. Ese algo, ese alguien, es parte suyo y parte tuyo. Imagina que pasan los días y, una vez superada la alegría inicial, ese germen, que es un algo convirtiéndose en alguien con mucho de ti y otro bastante de ella, empieza a crecer y a manifestarse en forma de transformación aguda por parte de ella. Que a la euforia, ilusión y alegría iniciales se incorporan nuevos elementos como el malestar físico, la fluctuación brusca e inesperada del humor, los nervios, la dudas… Imagina que ella, la personita de tu vera, siente cosas que tú no sientes al albergar a esa otra personita que también es parte tuya…Que de alguna manera a ti lo que te toca es observar en la cercanía, acompañar, apoyar y entender hasta donde puedes.


¿Te lo imaginas? A mí, personalmente, me cuesta. Tan metidas estamos en nuestro papel de mujer-containers, protagonistas, sufridoras y ejecutoras del milagro de la vida, que casi siempre nos olvidamos de lo que siente y padece el ser humano que tenemos al lado, a la sazón amor de nuestras vidas y padre de nuestras pequeñas y entrañables criaturillas. Casi

Así que, ahora que no me ve, oye o lee, he decidido dedicar un pequeño homenaje a mi Estimado. Él es quien más me acompaña en este trayecto y a él debo buena parte de mi cordura. Ni una señal de impaciencia, ni un atisbo de debilidad egocéntrica, ni un mal gesto. Siete meses y medio han corrido ya desde que el cucufate anunciase su inminente llegada y no recuerdo un solo día en el que él, mi Estimado, no haya estado a la altura.

Cuando las náuseas interrumpían todos nuestros planes, quebraban mi ilusión y me conducían hasta el hartazgo, ahí estaba el tío para cogerme de la mano y prometerme que se pasarían. Tardaron en pasarse casi cuatro meses pero se pasaron, tal y como me prometió el Estimado entre sopa y sopa...entre manzanilla e infusión de jengibre.

Cuando llego tarde de trabajar, agotada y medio hundida, ahí está el tío listo para guardar en un cajón su propia fatiga, sus propios problemas, y sacar de la nada toda una cena rica en hidratos, vitaminas y minerales. Lo mismo te sorprende con un pollo en salsa que con una lubina al horno. Le cuesta, claro que le cuesta, pero lo hace. Y lo haría hasta el infinito si falta hiciese. O al menos así es como a mi me hace sentir.

Cuando me asaltan los lloros, ahí está el tío: abraza que te abraza, mima que te mima, besotea que te besotea...Él no sabe por qué lloras. Tú tampoco.  Puede ser porque no te ha saludado el compañero de al lado, porque Ronaldo está triste o porque ya que llora la vecina te unes a la causa y sumas esfuerzos para conseguir entre las dos que la llantina alcance su máximo esplendor...El caso es que llorar se llora en abundancia y no está de más que alguien te recuerde de vez en cuando que no pasa nada por hacerlo sin motivo.

También puede ser que llores porque estás a punto de alumbrar tu vida con un ser pequeño e indefenso y, sin tan siquiera haber cambiado un pañal en tu vida, de pronto has de responsabilizarte de su salud, de su felicidad y de su entrenamiento vital. Tres en uno. Moco de pavo. Quizá sea eso...Pero, claro, eso también le pasa al Estimado. Pero el Estimado no llora. Él sólo mira por que tus lágrimas se sequen pronto y tu corazón vuelva a su sitio. Sabe que son las hormonas, revolucionadas todas ellas, pero no te lo dice no vaya a ser que se líe la cosa y pasen de la revolución a la guerra fría. Así que se calla y comprende, asumiendo que eso que es parte tuyo (pero también suyo) le sitúa a él en un último plano y que sus miedos y sus dudas ahora importan poco. 

Muchos, muchas, pensarán que sólo faltaba... Que ya bastante tiene una con lo que tiene como para que encima el de al lado no se olvide de sí mismo y se entregue a tus pies durante 9 meses seguidos, las 24 horas del día . Quizá sea cierto, no digo que no. Yo solo digo, solo reconozco, que no sé qué haría yo sin este Estimado mío que tan hábilmente me allana el camino y tan lejos me hace sentir de la embarazada cuasi histérica que, por qué negarlo, me posee de cuando en cuando.

Gracias Estimadito por inyectarme tu fuerza. No sabes cuánto me alegro de que la cucufate sea también parte tuya.


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Si te gusta, no te cortes y dilo, que me hará mucha ilusión ;) https://www.facebook.com/HistorietasDeUnaPrimeriza

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